COLUMNA DE OPINIÓN
CUANDO EL ERROR VIENE DE AZUL: UN GOLPE AL JUEGO
Por Ricardo Velázquez Jr.
El béisbol tiene reglas claras. Y cuando quienes deben aplicarlas fallan, no es un simple detalle técnico: es un golpe directo Al mismo juego.
Lo ocurrido en el Estadio Alfredo Harp Helú durante el tercer juego entre Piratas de Campeche y Diablos Rojos del México no admite matices. La aplicación del llamado “corredor fantasma” en extra innings —una regla inexistente en la actual temporada de la LMB— no es una interpretación dudosa, es un error reglamentario de fondo.
Y en el béisbol profesional, ese tipo de errores no deberían existir.
La propia Liga Mexicana de Beisbol ha salido a reconocerlo públicamente. Bien. La transparencia no es opcional, es obligatoria. Pero el reconocimiento, aunque necesario, no borra el hecho: el juego fue alterado por una decisión arbitral incorrecta.
Aquí no estamos hablando de una jugada de apreciación —un safe o un out cerrado—, sino de la aplicación indebida de una regla que simplemente no está vigente. Es decir, no hubo criterio: hubo desconocimiento o una falla grave en la ejecución.
La sanción económica a la cuarteta de umpires y el apercibimiento al Director de Umpires son medidas institucionales esperadas. Sin embargo, la pregunta de fondo sigue en el aire:
¿es suficiente castigar… o es momento de replantear el sistema de capacitación y control?
Porque este tipo de errores no solo impacta un juego. Impacta la confianza del aficionado, del jugador y del propio espectáculo. El béisbol, como cualquier deporte profesional, se sostiene sobre una premisa básica: las reglas son el terreno común de todos.
Si ese terreno se mueve, todo lo demás pierde solidez.
El “corredor fantasma” es una regla conocida en otros contextos —como en Grandes Ligas en años recientes—, pero justamente por eso, su indebida aplicación en la LMB revela una desconexión preocupante entre el reglamento vigente y su ejecución en el campo.
Y aquí es donde la Liga tiene una oportunidad.
No solo de corregir, sino de fortalecer. De revisar protocolos, de estandarizar criterios, de elevar el nivel del cuerpo arbitral a la altura de un circuito que presume crecimiento, profesionalización y espectáculo.
Porque el aficionado no paga —ni emocional ni económicamente— para ver errores administrativos trasladados al terreno de juego.
El béisbol mexicano vive un momento de exposición, de expansión digital, de narrativa constante. Cada juego cuenta, cada decisión pesa, y cada error… se magnifica.
Hoy la LMB hizo lo correcto al dar la cara.
Mañana, tendrá que demostrar que también sabe corregir de raíz.
Porque en el diamante, como en la historia,
los detalles no son pequeños: son decisivos.
O ¿Usted que piensa?
Una Lástima que se haya presentado ese Error, creo que fue provocado por la combinación de la falta de concentración y de ignorancia