Ichiro y su estatua: un bate roto, muchas risas en Seattle
DIAMANTE SPORT/STAFF
La develación de la estatua de Ichiro Suzuki afuera del T-Mobile Park tuvo un momento inesperado, pero terminó siendo tan memorable como simbólico del propio personaje.
Durante la ceremonia, el bate de bronce que acompaña la figura del histórico jardinero de los Seattle Mariners se rompió por el mango justo al retirar la lona, inclinándose hacia atrás en dirección a su cabeza, en lugar de apuntar hacia el cielo como en su icónica postura de bateo.
Todo indica que el incidente ocurrió en el momento de descubrir la escultura, ya que previamente el bate se encontraba en posición correcta mientras permanecía cubierto.
Lejos de incomodarse, Ichiro reaccionó con humor, fiel a su estilo.
El momento generó una escena distendida junto a Ken Griffey Jr. y Edgar Martínez, quienes participaron en la develación. Griffey incluso bromeó sobre no ser responsable del incidente, mientras Ichiro se unía entre risas.
“No pensé que Mariano saldría aquí a romper el bate”, comentó Ichiro, en referencia al legendario cerrador Mariano Rivera, provocando aún más carcajadas tras la traducción.
Más allá del detalle técnico, el episodio reflejó una de las cualidades más reconocidas del japonés: su capacidad de conectar con todos a través del humor, incluso superando la barrera del idioma desde su llegada a las Grandes Ligas hace más de dos décadas.
El club también se sumó al momento, compartiendo una imagen modificada del bobblehead con el bate roto, mostrando que el incidente fue tomado con ligereza.
Minutos después, el problema fue solucionado y el bate volvió a su posición original, permitiendo a los aficionados tomarse fotografías imitando la emblemática postura del ícono.
La escultura, obra del reconocido artista Lou Cella, fue desarrollada con una estrecha colaboración del propio Ichiro, incluyendo sesiones virtuales y una visita en persona donde el japonés utilizó su uniforme de 2001, temporada en la que fue Jugador Más Valioso y Novato del Año.
Y como era de esperarse, no faltó el toque final de humor:
“Me alegró que todavía pudiera ponerme ese uniforme… probablemente Junior y Edgar no podrían hacerlo”, dijo entre risas.
Un momento imperfecto en ejecución, pero perfecto en esencia: tan auténtico como la leyenda que representa.